Parece que el martes 11 de marzo del 2013 es la fecha tan esperada para escribir un epitafio al Barça. Festejar el fin de una época es un deseo normal en aquellos que entienden el futbol como batalla, la superación de algún complejo, o exigir algún tipo de reivindicación, no sé sabe bien de qué. Pero hay otros que siguen viendo el futbol como espectáculo, la última de las bellas artes, la más popular. Su afición no pasa por la debacle de ningún club. Tratan de admirar este juego en todas sus versiones. La capacidad de amar el futbol sin importar la pasión de sus colores se explica en la belleza del Catenaccio de Helenio Herrera, el Scratch del 70, el espíritu de Ferguson, la Naranja Mecánica de Cruyff, el pressing de Sacchi, el contragolpe Mourinhista o ese irrepetible juego colectivo que han hecho de la selección española y el Barça que la alimenta, obras maestras del fútbol universal. Nadie provocaría un incendio que arrasara la obra de Da Vinci, Van Gogh o Miguel Ángel, pero con el futbol sucede lo contrario. Ser testigos de la desaparición de un equipo como el Barça parece motivar a carroñeros. Yo sueño por ejemplo que algún día ese futbol juvenil, valiente y tradicional que propone mi Athletic Club de Bilbao del que soy socio sea tendencia. Mientras espero, mañana veré un juego donde el Barça que nos ha dominado a todos, necesita tres goles frente la hermosa crueldad del Milán. Espero que este Barça que perfeccionó el pressing de Sacchi, los ritmos del Scratch, los movimientos de la Naranja Mecánica, la velocidad del Madrid, la vocación ofensiva inglesa y la cantera del Athletic Club de Bilbao, tenga paciencia para saber que en 90 minutos de su buen juego, existen todas las grandes épocas del futbol.

Escrito por José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo para Milenio Diario.

(La fecha del partido es errónea, el martes es 12)

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