El pasado 29 de diciembre, la periodista Denise Dresser publicó una columna titulada “¿Paz mafiosa o real?”, en la que hace referencia a la paz que necesitan los mexicanos a propósito del mensaje navideño del presidente Enrique Peña Nieto y de los niveles de corrupción que imperan en México.

Y entre los cuestionamientos sobre la corrupción en el país, Dresser pregunta si “¿la privatización de lo que hoy es Televisión Azteca fue ganada por Ricardo Salinas Pliego debido a la intervención de Raúl Salinas en su favor?”.

Sobre ese tema, Grupo Salinas -ante la negativa del diario Reforma de difundir su postura como derecho de réplica-, respondió a Denise Dresser mediante una inserción pagada en medios impresos; en el que le cuestiona el por qué no escribe también del proceso del que surgió el diario para el que colabora (Reforma) y en una de sus ya conocidas bajezas, se mete en la vida personal de la columnista.

La intolerancia y conocida fobia a las criticas es mas que evidente en la postura de Televisión Azteca.

A continuación el texto integro de la columna de Denise Dresser en Reforma

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Se nuestro patrono!

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¿Paz mafiosa o real?

Denise Dresser
29 Dic. 2014

En su mensaje navideño a los mexicanos, Enrique Peña Nieto dice que “es tiempo de construir” y que “el camino de México debe ser la paz”. Tiene razón. Pero quizás su idea de lo que el país necesita construir no coincide con lo que sus ciudadanos necesitan. Democracia. Justicia. Buen gobierno. Rendición de cuentas. Transparencia. Objetivos que el PRI nunca hizo suyos ni impulsó. Metas que la tradición política a la que el Presidente pertenece nunca quiso incorporar a su estilo de gobierno ni promovió. Celebremos, entonces, que el priismo quiera edificar, pero exijamos que lo haga de la manera correcta. Fortaleciendo las instituciones pero no para ponerlas al servicio de la clase política. Proponiendo soluciones pero no para ocultar los verdaderos problemas que el gobierno enfrenta. Sí, el camino de México debe ser “el de la paz”. Pero no cualquiera.

No la paz de los sepulcros. No la paz octaviana. No la paz de los que claudican ante las amenazas o la violencia o la intimidación. No la perversa paz de antes, nutrida por la ignorancia, la colusión, la genuflexión, y la connivencia con autoridades abusivas. No la paz basada en la compra de conciencias y la repartición de contratos y la licitación de la libertad. No la paz construida sobre 43 cadáveres, 42 de los cuales nadie sabe dónde están. Queremos la paz que nace de reconocer que necesitamos desmantelar los remanentes del viejo edificio autoritario y construir nuevas instituciones democráticas. Queremos la paz que implica el fin de viejas nuevas reglas y el principio de nuevos códigos de conducta para quienes ocupan cualquier puesto público.

Y por eso cuando el Presidente habla de que ha llegado el momento de “pensar en soluciones”, ojalá entienda que las respuestas pasan por él y el gobierno que encabeza. Porque como han escrito los investigadores Mariana Campos, Esther Ongay, Osvaldo Landaverde y Néstor de Buen de “México Evalúa”, un pesado fardo con el cual cargamos es la pobreza institucional. La ausencia de un sistema de rendición de cuentas con el cual perseguir, procesar y castigar un presunto caso de corrupción. Un sistema de combate al conflicto de interés con el cual investigar a un funcionario de alto nivel -como Luis Videgaray- o al propio presidente de la República. Un sistema anticorrupción con el cual encarar los escándalos que brotan día tras día, casa tras casa, licitación tras licitación, moche tras moche, Porsche tras Porsche. Ese es el verdadero escándalo.

Esa es la razón por la cual no puede nacer o florecer la paz que el Presidente demanda. Porque desde hace demasiado tiempo la clase política abusa y esconde y evade y promueve una paz ficticia que le permite acumular privilegios. Y ante ese abuso -que las instituciones permiten- la verdad más dolorosa es que ninguno de los controles institucionales, internos, preventivos o correctivos funciona como debería. La “paz” mafiosa que el PRI construyó, y el PAN y el PRD emulan, no permite investigaciones serias, objetivas e independientes, capaces de elucidar si hubo conflicto de interés o no. Si hubo una licitación amañada o no. Si la primera dama compró la Casa Blanca con recursos de procedencia lícita o no. Si Luis Videgaray, a cambio del préstamo no bancario que consiguió, le otorgó beneficios a la Constructora Higa o no. Si Raúl Salinas de Gortari acumuló su vasta fortuna y sus 49 propiedades mediante el tráfico de influencias o no.

Peña Nieto se equivoca: la corrupción en México no tiene un origen cultural sino institucional. Los ciudadanos no cuentan con un sistema eficaz para prevenirla o investigarla o sancionarla. Por ello persiste. Crece. Es cada vez más obvia y más lacerante.

Y ante ello un par de preguntas: ¿La licitación del tren México- Querétaro fue ganada por el Grupo Higa gracias a la influencia de intereses familiares por la compra de la Casa Blanca? ¿La privatización de lo que hoy es Televisión Azteca fue ganada por Ricardo Salinas Pliego debido a la intervención de Raúl Salinas en su favor?

Si Peña Nieto desea la paz a la que alude, tendrá que hacer lo que le corresponde para lograrla. Empujar la creación de un sistema de rendición de cuentas basado en tres pilares: límites claros al poder público, transparencia absoluta sobre decisiones, desempeño y resultados de servidores y programas públicos, así como sanciones efectivas y sin sesgos políticos. De lo contrario, no habrá el tipo de paz que el país anhela. Una paz real que es -en palabras de Martin Luther King- “no solamente la ausencia de tensión, sino la presencia de justicia”.

Y a continuación el desplegado de grupo Salinas:

07 de Enero de 2015
Grupo Salinas

A las y los lectores del diario Reforma

En ejercicio de nuestro derecho de réplica, en respuesta a una editorial firmada por Denise Dresser el pasado 29 de diciembre de 2014 Grupo Salinas envió la siguiente carta al editor de ese diario.

Sin embargo, ante la negativa de publicarla hemos optado por presentarla a través de una inserción pagada, con el fin de que los lectores de la señora Dresser y del diario Reforma tengan acceso pleno a la información y no solo a una visión parcial de la articulista del Reforma.

Sr. Lázaro Ríos.

Dir. General Editorial de Grupo Reforma

P r e s e n t e.

El pasado día 29 de Diciembre la señora Denise Dresser publicó un artículo titulado ¿Paz mafiosa o real?, en la que hace de manera dolosa y sin prueba alguna la siguiente pregunta:

¿La privatización de lo que hoy es Televisión Azteca fue ganada por Ricardo Salinas Pliego, debido a la intervención de Raul Salinas en su favor?.

Al respecto, le hago la siguiente aclaración que es pública e irrefutable:

El señor Ricardo B. Salinas Pliego ganó la licitación del denominado paquete de medios realizada en 1993, porque presentó una oferta 30% superior a la más cercana, lo que significa que el gobierno mexicano obtuvo un ingreso de 640 millones de dólares.

Está claro que el señor Salinas obtuvo el triunfo de la licitación, debido a que presentó la mejor oferta.

Dejó en el camino a los otros postores: Geo Multimedia, encabezada por Raymundo Gómez Flores; Corporación de Medios de Comunicación, MEDCOM, de Adrián Sada, Joaquín Vargas y Clemente Serna; y Cosmovisión de los empresarios radiofónicos Javier Sánchez Campuzano y Javier Pérez de Anda.

Pero si los datos públicos no fueran suficientes, le sugiero a la señora Dresser preguntarle al señor Francisco Aguirre, participante de aquel proceso, sobre los detalles y resultados de la licitación de 1993, y revisar los libros blancos del gobierno en turno.

La de Imevisión fue a todas luces una privatización exitosa, que abrió la competencia en el mercado de la televisión y que le dio a los mexicanos una alternativa para tener acceso a información, cultura y entretenimiento.

Hoy, Azteca es una empresa de clase mundial que compite en le mercado nacional y es la segunda productora de contenidos en español en el mundo.

Sorprende, sin embargo, que con la agudeza de la señora Dresser nunca haya sugerido investigación o duda sobre el proceso que vivió la familia Junco cuando el señor Alejandro Junco de la Vega despojó –robó según algunos- a su propio padre las acciones de El Norte, que dan origen a Grupo Reforma.

Y ya que estamos en el hábito de las preguntas ¿Por qué la señora Dresser nunca indagó este tema? ¿Será que teme que esta información sobre su jefe pudiera dar pie a que se haga público el proceso mental que sufrió hace un tiempo, y que fue ampliamente detallado en redes sociales, que la llevaron a internarse en un hospital de Los Ángeles por intento de suicidio?

¿Será que la señora Dresser desea ocultar que muchas de sus inquisidoras preguntas y reflexiones provienen más de un estado emocional alterado que de periodismo serio?

Esas preguntas también merecen, para su público, una respuesta clara.

Le pido atentamente la publicación de esta aclaración en el mismo espacio en que fue publicado el citado artículo.

Atentamente

Jaime Ramos Rivera

Director General de Comunicación Corporativa de Grupo Salinas

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