Tras la censura del pasado viernes en su espacio del diario Milenio por parte de su director Carlos Marin, el día de hoy en ese mismo espacio y tras 15 años de colaborar, Pablo Gomez se despide.

El año pasado también se despidió Epigmenio Ibarra escribiendo lo siguiente: “Desde mi punto de vista, hace mucho que este diario tiene un compromiso con el régimen que no puedo ni debo compartir…”

Aquí la ultima columna de Gomez:

La libertad de expresión es un principio

La libre manifestación de las ideas, conocida como libertad de expresión, nació como algo elitista, no democrático, sino enteramente burgués. La inmensa mayoría de la sociedad que no goza de algún medio de comunicación ha carecido de esa libertad. Sin embargo, la manifestación libre de ideas se convirtió en uno de los bienes políticos más preciados en tanto que sin ella no existe la crítica. Aunque de manera limitada, las clases y sectores sociales sometidos encontraron las formas de expresar ideas y pasaron a defender la libertad de expresión como algo legítimamente suyo aunque sólo fuera en los márgenes de la sociedad.

Se nuestro patrono!

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Con el tiempo, la libre manifestación de las ideas se convirtió en un principio: sin ella no hay libertad a secas. Y, luego, se convirtió en un derecho humano: decir lo que se piensa es algo irrenunciable.

Sabemos, sin embargo, que la propiedad está por encima de cualquier derecho o principio, lo que la convierte en un freno del progreso de la humanidad. En forma específica, el carácter privado de los medios de comunicación es de por sí un elemento limitante y monopolizador de la libertad de expresión.

He colaborado en MILENIO desde el primer número: 15 años sin faltar una sola semana. Este fue el trato que hice con Carlos Marín en la víspera de la aparición del diario. Lo he cumplido durante esos tres lustros. Por su parte, Carlos Marín se comprometió a no censurar mis escritos. Era un trato simple pero justo porque yo no puedo admitir escribir lo que no creo ni dejar de decir lo que pienso. Hoy entrego mi última colaboración a MILENIO porque Carlos Marín rompió el trato y procedió a censurar mi artículo de la semana pasada titulado ¡Intocable!, en el que se contiene una crítica a la sentencia del Tribunal Electoral con la cual se mantiene la censura del spot del PRD donde aparecía la imagen de Joaquín López-Dóriga vinculado a la frase de hay cosas que siguen siendo lo mismo en referencia al monopolio informativo que ejerce Televisa en la televisión. Carlos Marín confirma una de las tesis del artículo censurado: al menos también en MILENIO, López-Dóriga es intocable en tanto representante de Televisa.

El punto no estriba sin embargo en el carácter de intocable de López-Dóriga sino en la censura. Para llegar a este punto debió haber motivos demasiado poderosos que yo no puedo ahora comentar, pero que sí puedo repudiar como promotores de ataques a la siempre defendible libertad de expresión, la cual debería ser considerada como uno de los principales estandartes de todo medio informativo dentro del Estado democrático.

Convertida la libre manifestación de las ideas en una libertad democrática que se consagra como tal a partir de las nuevas técnicas de comunicación social, elevada a la categoría de principio y consagrada como derecho humano, no puedo renunciar a ella y, por tanto, la censura que ejerció Carlos Marín es inadmisible al grado que implica mi despido como articulista de MILENIO. Se lo he dicho por vía telefónica al mismo Marín: me has echado a patadas. El trato original fue roto por el director de MILENIO 15 años después.

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