El actor y músico Pablo Carbonell ha anunciado a través de su cuenta de twitter la muerte de su colega Pedro Reyes, conocido para el gran público por ser uno de los protagonistas de la televisión en España durante los años 90. Reyes, que nació en Tánger cuando ya había terminado el protectorado, tenía 53 años. Ha sufrido un infarto.

Cualquiera ubica a Pedro Reyes en alguna imagen con calidad de VHS y el antiguo logotipo de Tele5 en una esquinita. Eran los años 90, la televisión privada acababa de nacer y el humorismo era como la música pop: estaba en todas partes. Reyes se distinguía en aquel paisaje por su aspecto: alto, calvo-y-greñudo, con bigote… Su dicción era andaluza, como la de tantos colegas suyos, pero su voz sonaba un poco más torpe que ripiosa, y en eso consistía una parte de su encanto. Reyes se había criado en Huelva, no en Cádiz ni en Jerez ni en Sevilla. Una vez hechas las presentaciones, comenzaba su ‘show’. El famoso monólogo de la vaquita y el amor, por ejemplo, que seguramente fue casi pionero en aquella época. En vez de contar chistes, Reyes se dedicaba a divagar por un camino que iba bordeando el costumbrismo, el sinsentido, la esquizofrenia, la inocencia, la filosofía, la crítica política… Siempre a un paso de la bobada pero siempre a punto de remontar hasta un final feliz. Lo que en España se ha llamado humor absurdo desde los años de Tip y Coll. Pensar en Faemino y Cansado como sus parientes madrileños y un poco más refinados es una tentación inevitable. O en Berlanga o en las vanguardias, si tiramos por lo alto…

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Aquel fue el momento central en la carrera de Pedro Reyes, por lo menos de cara al público. No el único. En el principio fue la historia clásica del viaje a Madrid, la vida alegre de la Movida, los clubs nocturnos y un empleo como actor de reparto recurrente en ‘La Bola de Cristal’. Tampoco es difícil buscar en Youtube algún ‘clip’ del programa de Lolo Rico y reconocer por ahí a Reyes caracterizado de pintor, de ‘colgado’, de científico loco. Su aspecto un poco estrafalario jugaba a su favor. Su salto a la fama, como copresentador de ‘¿Pero esto qué es?’, en TVE1, también insistía en el mismo personaje: Reyes hacía de Harpo, feo y no se sabía si tonto o listo en medio de guapos y guapas televisivos.

Después, cuando se le fue gastando la fama, Reyes ‘ennobleció’ su carrera a través del teatro. Se alió a colegas como Josema Yuste y Felisuco en ‘Taxi’ e incluso probó suerte alguna vez con algún clásico griego junto al Centro Andaluz de Teatro.

Antes y después hubo también cine: papeles secundarios en películas comerciales-pero-buenas de los años 80 (‘Sé infiel y no mires con quién’, ‘El año de las luces’, ‘Divinas palabras’…), papeles de ‘guest star’ en películas del nuevo siglo de las que ya casi nadie se acuerda (‘Atún y chocolate’), y, sobre todo, su rol de escudero tonto y bueno en las adaptaciones al cine de Maki Navaja, que fueron la cumbre de su popularidad.

Via: El Mundo.es

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