Los Vazquez Sounds posaron para un suplemento de Milenio Diario del regreso a clases.

Entre toma y toma de la sesión fotográfica Angie canta. Su voz dulce logra alcanzar notas altas, y suena exactamente igual que en sus videos. Lo hace de forma natural. Tararea una y otra melodía. Se abstrae en su propio canto.

No es diferente cuando Gustavo, después de 20 minutos de poses y flashes, toma la guitarra por primera vez desde que llegaron al hotel y su actitud frente a la cámara cambia: se le ve relajado, su sonrisa es más natural y se torna parlanchín. Su gusto por las cuerdas se nota en cada foto tomada.

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Abelardo es tranquilo, amable, sonriente. Un chico cool y multi-instrumentista que a los 19 años comenzará su carrera como productor: primero el material de su propia banda y, en próximas fechas, la de otros grupos también.

Los Vázquez Sounds están de vuelta y se les nota contentos.

Después de hora y media de fotografías tenemos tiempo de sentarnos a platicar con calma. Eligen un lugar a un lado de la alberca, justo bajo el rayo del sol. “¿No les dará calor?”, digo un poco temerosa del bochornoso sol defeño en pleno julio. “¡Para nada! Está perfecto”. La respuesta no podría ser diferente de tres chicos que nacieron y crecieron en Mexicali, una de las ciudades más calurosas del país.

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“¿Ya estudian en San Diego?”, pregunto abiertamente y sus miradas de complicidad delatan una sorpresa, Angie toma la palabra “lo que estamos haciendo ahorita es escuela en línea”. Definitivamente no es una respuesta esperada, pero tiene mucho sentido. “Estamos en lo mejor de los dos lados”, continúa, “puedes tener tu vida de artista sin dejar de estudiar”.

Gus, con su marcado acento norteño, secunda “yo igual, en agosto comienzo este nuevo formato de escuela en línea y ¡a ver qué tal!”.

La decisión se tomó poco antes de terminar el ciclo escolar pasado. Su separación de la disquera con la que trabajaban marcó el regreso a sus orígenes: cantar covers (la última canción, Riptide, es original del australiano Vance Joy y hace menos de dos meses subieron el video a su canal de Youtube), justo preparan nuevo material discográfico propio y, por supuesto, la base principal para promocionar su trabajo son las redes sociales.

Pero después del gran golpe que significó el 2011 cuando lanzaron su primer video y se dieron a conocer mundialmente, hace falta darle seguimiento y trabajar mucho por seguir vigentes, “el año pasado estaba en una escuela normal, pero en esta nueva etapa decidimos que ya el próximo ciclo escolar voy a entrar a hacer escuela en línea para tener flexibilidad de hacer más cosas”, explica Angie.

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El tema aún es complicado. Para los tres es nuevo pensar en cambiar las clases presenciales por las clases por internet, “pienso que me va a ir mejor, siento que voy a estar más concentrada. A veces me distraía mucho en la escuela con mis amigos”, dice Angie con una sonrisa. “Igual tengo miedo de no tener tantos amigos, pero espero que eso no pase”, confiesa como si un sentimiento doble se cruzara frente a ella: por un lado la idea de estudiar de una forma distinta, por el otro la emoción de viajar y cantar aún más.

“El problema que tuvimos con la escuela física es que fueron muchas faltas”, explica Abelardo, el mayor de todos, “sí es difícil combinar la escuela normal, no hay tanta flexibilidad para dejarte faltar y a los maestros no les parece justo para otros alumnos”.

Gustavo, más relajado, agrega, “con la escuela en línea siempre tienes que estar al pendiente, es como cualquier responsabilidad”.

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Abe, por su lado, seguirá con el camino que tanto le gusta: producir música. La decisión no resulta extraña proviniendo de un chico que sabe tocar la guitarra, el piano, el bajo, el ukelele, entre otros muchos instrumentos.

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Por ejemplo, la canción Riptide, la produjo él y explica que el próximo álbum de la banda, todos temas en inglés compuestos por ellos mismos, también lo producirá. Además, trabajará con un grupo de amigos regios a quienes ayudará con su primer material, “se llaman Noon 22, estamos preparando su proyecto para que próximamente los conozcan”, y en este punto los tres hermanos muestran mucho entusiasmo, “¡van a ver varias sorpresas con nosotros!”, advierte Gustavo y justo es él quien da la siguiente sorpresa: no tocará más la batería, ahora la guitarra y él son inseparables y está perfeccionando su estilo y su técnica.

Explica que a pesar de que descubrió su amor por la guitarra hace menos de dos años, cada vez que la toca se siente mejor, “iba perdiendo el interés por la batería y me decía que en realidad si voy a estar tocando en vivo tengo que exigirme lo mejor de mí y la verdad me exijo más en la guitarra que en la batería, así que vamos a hacerlo”.

Este cambio, concuerdan los tres, será mucho mejor para la banda, pues ahora estarán juntos en los escenarios y sienten que habrá una mayor comunicación y energía entre todos.

Además, con el álbum que ya comienzan a preparar, esperan llegar también al público aún más amplio y, por supuesto, adentrarse aún más en la cultura musical estadounidense que, al haber crecido en la frontera, no les resulta extraño. “Vivir en frontera toda nuestra vida sí está a nuestro favor, estamos en los dos países, tenemos más opciones y conocemos las dos culturas”, explica Abe. “La música en Estados Unidos tiene un nivel muy alto y a nosotros nos ayuda mucho. Crecimos escuchando inglés todo el tiempo y eso nos ayuda a poder globalizar. Es una herramienta que nos enriquece”.

Abelardo, Angie y Gustavo se ven seguros de los pasos que están dando, siempre firmes y con el apoyo de sus papás, poco a poco estos tres hermanos, que cuando se miran entre sí dejan entrever su complicidad y hasta parece que fueran a hacer alguna travesura, abren su camino en el mundo musical.

Ana Estrada para Milenio.

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