Con más de 10 minutos de ovación recibió el público del Festival de Cannes la más reciente obra del artista chileno Alejandro Jodorowsky, ‘Poesía sin fin’, segunda parte de su autobiografía fílmica.

El peculiar estilo del realizador -que ya aparecía en la primera parte de lo que deberá de ser una trilogía, “La danza de la realidad”- aborda en la segunda entrega su juventud en Santiago de Chile, donde descubre las nuevas vanguardias literarias, se enamora, se hace poeta y, finalmente, decide partir rumbo a París para “salvar al surrealismo”.

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Su hijo Adan (conocido como Adanowsky en su faceta como cantante) encarna al joven Jodorowsky, mientras que su también hijo Brontis interpreta al padre del poeta, con quien mantiene una pésima relación, con catarsis incluida.

A través del enfrentamiento con su familia, Jodorowsky se va forjando su propia identidad, rodeado de una pintoresca pandilla de amigos entre quienes destacan nombres como el de Enrique Lihn o el de su venerado Nicanor Parra.

Al igual que “La danza de la realidad”, “Poesía sin fin” fue presentada también en la sección paralela de la Quincena de Realizadores, cuyo director no ocultó su entusiasmo por proyectar el filme de Jodorowsky, antes del comienzo de la cinta.

Tras la proyección, a la que asistió buena parte de su familia y del equipo de la película, el director chileno (aunque francés de adopción y cuya obra ha producido en gran parte en México) se vio obligado a saludar durante más de diez minutos al público, entre los que había un buen número de incondicionales de su obra.

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